
Entraste sin preguntar, acostumbraste tu risa en mi cama sin sueños. La tarde tambaleaba sus primeras sombras en el ventanal. Yo te empezaba a contar que no puedo convidar màs que promesas rotas; vos te burlaste al oìdo: "mentime despacio, servime otra copa..."
Y me invitaste a pasear a la orilla de tus tobillos, y antes que el sol nos salpique dijiste: "adios cantor, no tomes frío..."





No hay comentarios:
Publicar un comentario